
EL LEGADO DE LAS CRUZADAS
No todos los cruzados que llegaron a Palestina se quedaron en Ultramar; algunos una vez reconquistados los Santos Lugares, optaron por regresar a su lugar de origen en la conciencia de haber cumplido con su fe. Fueron ellos los primeros en traer noticias de una civilización notablemente avanzada en relación a la europea. Más tarde, durante el incesante ir y venir de viajeros que propiciaron los doscientos años de cruzadas, estos contactos se hicieron más sólidos y profundos, transformándose en influencias orientales sobre la vida de Europa.
Sin duda, el aspecto más significativo de este proceso fue de orden económico: a partir de la cuarta cruzada, los grandes centros marítimos italianos (Génova, Venecia, Pisa) comenzaron una expansión mercantil cuyo punto de partida es el comercio con Oriente. Se traficó con tejidos de Trípoli, Antioquía, Tiro y Damasco, con sedas de China, algodones de Persia, pieles de Armenia, plumas de avestruz de Arabia, vidrios y cerámicas de San Juan de Acre y Jafa, todos productos desconocidos en la Europa medieval. Al mismo tiempo, este comercio fortaleció a los mercaderes en detrimento de la nobleza, iniciando así la paulatina transformación que habría de modificar por completo la estructura social europea.
Pero si las consecuencias económicas de las cruzadas tuvieron resonancias tan amplias, no menos significativos fueron sus efectos sobre diversos aspectos de la vida cotidiana. Por el influjo de cruzados y peregrinos, Europa vio enriquecidas sus costumbres culinarias al conocer especias como el jengibre, la pimienta y el clavo, que llegaron de Oriente junto con la nuez moscada, la canela, los higos, los dátiles, las almendras, el arroz y el azúcar.
Los placeres de la vida hogareña fueron estimulados con plantas aromáticas como el rosal y el lirio; los conocimientos medicinales con bálsamos anestésicos para la cirugía; los ritos familiares con la aparición de buena costumbres en la mesa; la comodidad doméstica con la incorporación de las alfombras que reemplazaron las antiguas esteras de paja y juco. Las mujeres comenzaron a utilizar refinados perfumes, los hombre baños de vapor; y ambos: espejos de cristal en lugar de los antiguos discos de metal pulido.
Igualmente grande fue la influencia oriental en la arquitectura, que modificó por completo los conceptos para la construcción de castillos y fortalezas, favoreciendo sus recursos defensivos y su funcionalidad general. Otro tanto ocurrió con la teórica de la fabricación de armas, que perfeccionó las existentes, creando algunas en atención de los requerimientos propios de la guerra; también se modificaron las técnicas para emplearlas tácticamente y la destreza individual en su manejo.
Por último, las ciencias fueron beneficiadas en cuestiones de álgebra y astronomía, además de que gracias a los cruzados se conocieron en Europa los fertilizantes, el papel y los números arábigos, tres elementos de singular importancia en desarrollo histórico de Occidente.
