
Fue el mismo Dios el que, hallándose los hebreos acampados en la falda del Sinaí, después de su salida de Egipto, y luego de comunicarles su santa ley y de establecer con ellos una nueva alianza, por medio de Moisés, les dio una constitución religiosa, que fuese capaz de conservar en medio del mundo pagano el tesoro de la divina revelación, que en la plenitud de los tiempos se había de comunicar a todas las naciones.
